Historia electrodomesticos chilectra

Circulo De Estudio " Brujula Metropolitana"

En el operativo llevado a cabo por la Policía Federal Preventiva y el Ejército Mexicano a las 10:28 de la noche del sábado en el Complejo Hidroeléctrico Necaxa, para la toma de las instalaciones del Sindicato Mexicano de Electricistas de la compañía Luz y Fuerza del Centro, las corporaciones policiacas de Puebla no intervinieron de ninguna forma, pues se trata de un acción estricta del gobierno federal, informó Mario Montero Serrano, secretario de Gobernación estatal. Así, en lugar de pretender revalorizarlo en la lógica del capital, sería posible entenderlo más bien como un trabajo complementario, como un trabajo que realizan jóvenes y/ estudiantes de ambos sexos para costearse gastos, por ejemplo. Mientras que en España Latinoamérica este trabajo está tan íntimamente ligado a la clase que es complicado que alguien joven de clase media y con estudios lo realice, en otros países de tradición más igualitaria https://www.rediris.es/lavadora/ no es infrecuente que sean estudiantes de universidad quienes limpien ayuden en las casas.

Está claro que el empleo doméstico es una cuestión de género pero también de CLASE y eso no se puede obviar en el debate.

Pero te recomiendo que refresques la memoria repasando algunos convenios laborales y te sorprenderá descubrir que un cocinero cobra menos por hora trabajada, y un ayudante un friegaplatos menos de la mitad de lo que habitualmente se paga por hora de trabajo en el hogar. Porque a mí me sigue chirriando que dizque feministas perpetúen el debate de la igualdad centrado en la función reproductiva de la mujer y su responsabilidad en los cuidados.

Un empleo peor pagado resulta mucho más caro si se suman las cotizaciones de seguridad social y mucho mejor pagado si consideramos el acceso a prestaciones (incapacidades, jubilación, sanidad,…) que de otra manera no se tienen. Solo matizaría la visión de que, aún hoy, prácticamente en todas las parejas/familias sea la mujer quién se encarga de realizar, subcontratar el trabajo doméstico. Sin duda, es la realidad mayoritaria pero ya son significativos los casos en que se comparte bien , incluso, en los que están invertidas las balanzas.

El motivo básico por el que subcontrato el trabajo doméstico, siendo mujer y lesbiana, es que me resulta económicamente rentable hacerlo así, debido al lucro cesante que supondría quedarme en casa y planchar camisas poner lavadoras ( hacerlo en un hogar ajeno). El que en países latinoamericanos, por poner un ejemplo, haya situaciones de miseria que conducen a las mujeres a dejar a sus hijos al cuidado de familiares para venirse aquí a ganar un dinero, no es culpa de las contratadoras”.

La limpieza y cuidado de la casa, por mínima que sea, es un trabajo, un trabajo que alguien debe realizar de forma remunerada y no me voy a sentir culpable ni menos feminista por pagar por ello, igual que no me siento culpable porque me peinen en la peluquería. Abre un nuevo debate en mi mente y seguro que también en el debate colectivo con otras compañeras.



Curioso, la feminista que contrata y no es culpable de la miseria de otras es una contratadora” (en femenino), pero quienes explotan son contratadores” (en masculino). Coincido con el hecho de que el problema en sí no es el servicio prestado, sino las condiciones en las que se presta, pues pongámoslo así: y si en lugar de una asistenta, contratas un servicio de limpieza. No es más que de un hecho cultural asociado a la valoración en contextos y épocas determinadas de determinados empleos.

Porque servicios de limpieza los hay en todas partes sin levantar ampollas: comunidades de vecinos, oficinas, colegios… y en definitiva, en todo lugar público privado donde las personas que hacen uso del mismo carecen del tiempo para mantenerlo lo pulcro u ordenado que es necesario deseable. De igual modo, es trabajo doméstico en la España de los años 60 lo hacían las mujeres que llegaban del pueblo de clase baja, y décadas más tarde las mujeres inmigrantes, que habrían ocupado un escalafón aun inferior.

También hay muchas mujeres que vivimos solas en pareja con otra mujer que no sólo decidimos contratar a alguien que nos ayude en casa, sino que también usamos el trabajo de terceros para hacer hacer otras labores que no tenemos tiempo, ganas capacidad de hacer. En cualquier caso ambas opciones son interesantes y cada una tiene sus ventajas e inconvenientes.

No es un problema de género de ser no ser feminista, sino de en qué condiciones me puedo permitir contratar a una empleada del hogar. Así que descarté totalmente lo de dejarle sin trabajo, por supuesto, pero vieras que se me hizo bien difícil porque yo nací en un hogar sin asistenta donde todos los miembros de la familia teníamos nuestras tareas asignadas, y después en casas okupas en las que todos limpiábamos juntos.

Sigue existiendo la familia de hombre-mujer-niños en la que la mujer cobra menos y es quien, para poder trabajar fuera de casa, contrata” a una asistenta infravalorada y, sobre todo, infrapagada, mientras sigue siendo la que se ocupa de toda la intendencia de la casa y él no hace nada en casa. Este empleo suficientemente pagado y digno supone para mi poder concilar mi vida laboral y familiar.

Me fui a vivir con mi pareja (hombre en ese momento) y allí estaba Inés, que limpiaba su casa y con la que trataba y acordaba él. Inés, con contrato, alta en la seguridad social y una fuerza vital impresionante. Ori limpia nuestra casa y, ciertamente, cobra menos a la hora que el fontanero, al que también contratamos y podríamos aprender su oficio la electricista (no sabes lo duro que es ser tía en las obras” me decía), que varios amigos podrían sustituir incluso enseñarnos a cambiar un enchufillo, pero a los que necesitamos, aunque muchas menos veces. Fue una de las cosas que me ayudaron a ver lo absurdo del sistema económico en que vivimos.

Cobra más que mi chica y que yo a la hora, pero nosotras trabajamos diez y doce horas al día y eso nos permite pagarle un salario bien digno y pagar su seguridad social. Viene cuando le cuadra, porque son pocas horas y aprovecha otros viajes, así que nunca sabes cuándo habrá venido, pero el día que llego a casa y ella ha pasado por aquí es como un milagro y doy gracias a todo, incluida ella. Pero no creo que dejar de contratar dignamente a personas que hacen un trabajo digno y necesario sea una vía hacia una solución más feminista ni más justa.

En mi familia no hay sueldo para contratar a nadie más, lo único que una temporada una tía estaba en ampuros economicos y mi madre decidió darle dinero, ella le parecio que aceptarlo sin más no estaba bien y se ofrecio a pasarse una vez por semana para limpiar casa, pero creo que esa es una situación diferente. Si lo hago en mi casa, no es trabajo, no cuenta para nada mi experiencia, no se valora como un esfuerzo.

Sin embargo, hay algo en el artículo que no veo tan claro, y es el de que si lo hicieran los hombres se revalorizara y tuviera que pagarse más caro. Hoy día, en la precariedad laboral en la que nos encontramos, hay muchos hombres que harían ese trabajo por ese dinero. Tampoco estoy de acuerdo con que ese trabajo siga precarizado para pasar de ser realizado por las mujeres a ser ahora a lxs estudiantes a quienes se les explote. El trabajo de asistenta es tan digno como cualquier otro trabajo y lo que habría que hacer es revalorizarlo y sacarlo de la economía sumergida, que es donde está el problema.

Conclusión (para mí): el trabajo doméstico, ya que existe, debería ser realizado exclusivamente por horas, y nunca en régimen como internas”; debería estar mejor pagado y considerado, con unas condiciones laborales que puediésemos considerar dignas. Las personas más jóvenes siempre han sido oprimidas por las personas adultas; y ese adultocentrismo aún imperante en la sociedad actual, se refleja en tu conclusión. Pues no. Los y las jóvenes también tenemos derecho a un trabajo digno; a formarnos honesta y honradamente, adquiriendo experiencia y sin que se nos explote.